Habla de la absoluta soberanía de Dios en las vidas de las personas y de los asuntos de este mundo.
Jesús nos dijo que hoy tengo ganas de ti shakira no temamos a aquellos que nos amenazan con muerte física, " no temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer.
Y enseña, fundado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, que esta Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación.
Es tu llanto mi risa mi afán, mi conjuro tú descansa tranquilo que mientras tú duermes.Así como al pueblo de Israel, según la carne, peregrinando por el desierto, se le designa ya como Iglesia (cf.No obstante, Dios sabe, y El ve diariamente esta condición deplorable, y se encuentra profundamente airado.Es por eso que resulta tan importante llevar a nuestros hijos a tener una verdadera relación con Dios, una amistad real y genuina que le de bases solidas para crecer con principios de amor, misericordia y verdad en el corazón, una labor que no será.Es una verdad extremadamente confortante!Los presbíteros, aunque no tienen la cumbre del pontificado y dependen de los Obispos en el ejercicio de su potestad, están, sin embargo, unidos con ellos en el honor del sacerdocio 100 y, en virtud del sacramento del orden 101, han sido consagrados como verdaderos.1944: AAS 36 (1944.Y se dice «con el consentimiento de su Cabeza para que no se piense en una dependencia, por así decirlo, de un extraño ; el término «consentimiento» evoca, por el contrario, la comunión entre la Cabeza y los miembros e incluye la necesidad del acto.Ga 5, 22) y difundir en él el espíritu de que están animados aquellos pobres, mansos y pacíficos, a quienes el Señor en el Evangelio proclamó bienaventurados (cf.Conectar sus palabras a las acciones de un niño maximiza su impacto.Mas la sociedad provista de sus órganos jerárquicos y el Cuerpo místico de Cristo, la asamblea visible y la comunidad espiritual, la Iglesia terrestre y la Iglesia enriquecida con los bienes celestiales, no deben ser consideradas como dos cosas distintas, sino que más bien forman.
63: PL 16, 1218.





En virtud de esta potestad, los Obispos tienen el sagrado derecho, y ante Dios el deber, de legislar sobre sus súbditos, de juzgarlos y de regular todo cuanto pertenece a la organización del culto y del apostolado.
Las condiciones de nuestra época hacen más urgente este deber de la Iglesia, a saber, el que todos los hombres, que hoy están más íntimamente unidos por múltiples vínculos sociales técnicos y culturales, consigan también la plena unidad en Cristo.
1951: AAS 43 (1951) 790s.