Sucede al contrario en las ciudades, donde el nacionalismo y los partidos de izquierda tienen mayor predicamento, pero donde el castellano manda.
O sea, que regalos divertidos bebes esa mitad de Galicia la que no votó al PP, además de perder, tuvo que comerse el improperio y la conmiseración ajena.
En cuanto se acomodó, soltó amarras en el partido en Madrid, dejando a Aznar al frente «ni hay tutelas ni hay tu tía» con un pequeño lío con el tesorero del partido, Naseiro.Y a pesar de eso, el gallego ha sido usada como arma política por.Y casi siempre por mayoría absoluta.Mitos al margen, la identidad gallega se cohesiona principalmente alrededor de la cultura y especialmente la lengua, reivindicada como arma para supervivencia del pueblo.Después el viento roló: el psoe puso dinero en nuevas sedes y avivó un bipartidismo que no existía en la Galicia interior, también porque en la diáspora el nacionalismo siempre fue más activo en militancia que en resultados.Tan lejos, tan cerca.Y se miraba para otro lado, incluso cuando se sabía que la clase política estaba relacionada con todo aquello y se iba de rositas.Madrid y que, a corto o medio plazo tiene toda la pinta de que terminará por esfumarse del colectivo capitalino.Un psoe penando cuitas internas, con un candidato ocupado, y con razón, en sacar palos de las ruedas.Lo atestigua el que escribe estas líneas desde Río el tiempo volvio a ganar de Janeiro, por cierto otro planeta de la Galicia exterior.Cuando parecía que la llama galleguista prendía, con presencia parlamentaria en Madrid durante la II República, La, galicia que no fue volvió a cobrar forma.Rasquemos en el pasado.Paradigmático fue el caso de Muxía, zona cero del desastre, y otros pueblos de la damnificada Costa da Morte, donde el PP repitió victoria sin resentirse en votos.No se asusten, al oído foráneo los comentarios pueden parecerle exagerados, pero en Galicia eso se entiende como retranca, una mezcla de ironía con humor negro que casi siempre conlleva un mensaje de autoodio: nos va en la sangre.Y allí acudieron raudos por tanto a buscar el voto.El político y escritor gallego.Otros cuarenta años de oprobio, otra frase fatal: «A longa noite de pedra».Ocurrió especialmente desde 2009, en el estreno de Feijóo.Quien lo vio rapidito, cómo no, fue Fraga: él mismo emigró de niño a Cuba y eso le sirvió, en un alarde de timing político, para irse a La Habana un buen día de 1991, ponerse la guayabera y abrazar al jefe de Estado cubano,.En las ciudades gallegas se dan circunstancias curiosas.

La emigración es conservadora en sentido estricto: vota mayoritariamente a quien esté en el poder en Madrid, lo que también habla de los flujos de información.